#Día 16

Hay una diferencia entre soltar y no hacer nada.
Mi mente esta transitando ese camino.
Me asusto porque pienso que dejar de lado la fantasia del control tiene que ver con ser estática.
Por suerte hay tengo momento de lucidez.
He tocado todas las puertas y ahora doy paso a que sucedan las cosas.
La incertidumbre me acompaña pero no me angustia.
Doy la bienvenida al futuro que no conozco, pero que acepto.

 


En la asfixiante soledad de los primeros años de la guerrilla zapatista, un peculiar personaje hizo presencia en nuestros campamentos. Un pequeño escarabajo fumador, buen lector y mejor platicador, se dio a la tarea de aliviar las frías madrugadas de un combatiente, el Sup.

De nombre civil «Nabucodonosor», el pequeño escarabajo escogió el nombre de guerra de «Durito» por la fortaleza de su piel. Durito, como todos los niños, tiene la piel dura. Y por lo mismo Durito escogió como interlocutor primero al niño que tenemos dentro y que hemos olvidado junto a la vergüenza.

Una madrugada diez años después, casi al final del repliegue militar al que nos obligó la traición de febrero, Durito nos reencontró y volvió a tocar lo mejor que tiene el ser humano: su capacidad de asombro, su ternura, su aspiración a ser mejores… junto a los otros.

En veces detective, en veces analista político, en veces andante caballero y otras tantas como escribidor de cartas, Durito nos habla ofreciéndonos un espejo de futuro que nos muestra lo que podemos ser, los Cuentos para una noche de asfixia se inician para aliviar el pecho oprimido por lo desconocido. En ellos Durito nos abre una herida en el pecho, una herida que duele y alivia, una herida que lastima pero permite respirar mejor.

Subcomandante Marcos EZLN