Estar ahí fue estar en todas partes.

Vi un arco iris salir del mar. Vi nacer la luz del norte. Note en los ojos de la gente que la poesía está viva y camina. Qué belleza, qué hermosura, qué lucha y fortuna la nuestra que somos capaces de ver rosas, alas, en las migas de pan o en los círculos que dejan los vasos sobre la mesa. Hemos desterrado la soledad y el silencio. Clamoríntimo: veo La Surada en el cielo con diamantes de complicidad.

Antonio Rigo


Ir a Santader, fue una idea que surgió gracias a 3 eventos:

Un viaje pendiente con mi hermano
Un billete de autobús por 15 euros Ida+vuelta (desde Madrid)
Un pre-enamoramiento cantábrico con nombre de Santillana del Mar.

Voy de buena gana a cualquier sitio en donde el mar sea protagonista, porque no me di cuenta de la gran conexión que tengo con el agua hasta que me vine a vivir a las Europas y la playa dejó de estar a 30 minutos en coche.

Ir a Santander.. y encontrar el mar y la poesía 1
La impresión (pre-juicio que viene del verbo hablar sin tener ni pajolera idea) que yo tenía antes de empezar el viaje incluye palabras como: pijo, caro, inaccesible.

Tenia entendido que buena parte de los edificios de la ciudad pertenecen a la familia Botín y que son famosas sus escuelas de equitación y de vela. ¿Que carajo íbamos a hacer allí?
Lo escogimos como destino por la razón por la que escojo la mayoría de los sitios que visito, esa tan currada combinación entre días libres y precios bajos del boleto que se adquiere.

Pero en el fondo no tenía muchas expectativas, solo pasar unos días tranquilamente haciendo cosas de hermano-hermana, como hablarnos irónicamente y tener entre medias conversaciones trascendentales. (Y cantar: ¡Hola Bebe! eso siempre).

Ir a Santander.. y encontrar el mar y la poesía 2

Los señores y señoras que van felices por Santander con su jersey atado al cuello

Ir a Santander.. y encontrar el mar y la poesía 3

No lo voy a negar, es una ciudad cara como la mayoría de ciudades del Norte de España, (industrias, fortunas heredadas, cosas muy locas pasan por allá arriba) y la cantidad de gente con jersey anudados al cuello a modo de uniforme es abundante (y graciosa cuanto menos).

Pero como tengo la creencia de que uno se puede quedar con lo que mejor le parezca de cada sitio, Santander me parece una Ciudad diseñada para humanos.

Me explico.

Recuerdo un cumpleaños que fuimos a pasar el día en Aranjuez y cual fue nuestra (no muy agradable) sorpresa, al darnos cuenta que a lo largo y ancho de todos sus maravillosos jardines no había ni un solo sitio para sentarse, ni descansar, todo estaba lleno de carteles de: prohibido esto o aquí no se puede hacer lo otro, eso me hizo preguntarme ¿cuál era entonces la finalidad de esos jardines? (enormes y difíciles de recorrer enteros sin al menos un sitio donde merendar) ¿qué ningún ser humano pudiera ser feliz allí?.

Santander para los que no habéis tenido el placer de conocerla es una ciudad por entera rodeada de costa, se disputa el premio a la bahía más bonita con San Sebastián y por su cercanía con el mar y ubicación norteña tiene zonas verdes en abundancia.

Entonces es aquí donde puedes reírte del mundo eligiendo la naturaleza como opción de visita sin tener que pagar ni un duro por recorrer sus playas y  acantilados. El aire libre y los paseos marítimos (todavía) son gratis.

Hay bancos (para sentarse) por todo lo largo del paseo marítimo para tomarte un descanso, la entrada a la península de la magdalena es libre y el museo del mar es abierto porque realmente son barcos que están en una montañita.

Ir a Santander: al respecto de los pijos…

En este viaje tuve mi primera experiencia alojándome con couchsurfing, he ofrecido mi sofá a unos cuantos viajeros del mundo, pero por una cosa o por otra nunca había tenido suerte (o paciencia) a la hora de hacer solicitudes.
Esta vez escribíamos el día anterior desde un restaurantito en San Vicente de la Barquera, contando los euros y rezando para que nos alojara algún desconocido.
Vimos un perfil con muchos (en realidad eran más de 100) comentarios y con la mayoría de ellos  en positivo, así que escribimos solo a ese esperando no tener que pasar la noche en la estación de buses.

Nos contestó al poco tiempo y a las 8 de la noche nos presentamos ante nuestra couchsurfer.

Belen y su marido son una pareja que vive en Santander desde hace bastante tiempo, ella es de allí y él es de Galicia. Han alojado a una cantidad loca de personas, algo así como a 200 en un año , me intrigaba muchísimo conocer a alguien con un sentido tan importante de la hospitalidad.

Tuvo el detalle de contarnos un poco de su vida y así estuvimos charlando hasta mas o menos la madrugada. Nos contó como para ella enseñarle a su hija lo que significaba la hospitalidad era algo my importante. Que es un valor que se esta perdiendo, que nos ayuda a formar comunidad y a ampliar nuestras concepciones acerca de el mundo que nos rodea.

Llevo tiempo dandole vueltas a la idea de Hospitalidad como reacción, como una manera de ser rebelde ante un mundo que es cada vez más individualista y egoísta , conocer gente como Belen me enseña que es necesario y merece la pena cobijar valores que nos hagan más humanos (humanos, en el sentido de reconocernos como comunes, de que somos partes los unos de los otros)

¿Que todos los de Santander son gente adinerada y clasista? Ni hablar.

Ir a Santander.. y encontrar el mar y la poesía

Los poetas y el mar.

El típico sueño de una casa cerca del mar, me gusta observar cómo cambian las mareas y como cuando llegas por la mañana hay un centímetro de agua y horas después desaparece la orilla.

También me di cuenta caminando por la bahía de que había muchas estatuas dedicadas a poetas y me puse a investigar el tema. Dando vueltas por la web me encontré con esta maravilla de iniciativa ciudadana y me termine de dar cuenta de que hay tantas ciudades como miradas existan de ella. Les cuento.

La voragine:

Es una librería y también un centro cultural en donde se realizan las más diversas actividades artísticas. Pero lo realmente genial de este espacio es la filosofía con la que todo fluye.

Nuestros intereses pasan por la construcción colectiva de alternativas, el rescate y la reinterpretación de lo común, la siembra de incertidumbres para provocar el desaprendizaje, la belleza como herramienta de cambio revolucionaria, poner en valor el poder de lo colectivo frente al individualismo y agrietar –aunque sea deforma mínima- algunas de las estructuras político-culturales que nos lastran como sociedad: el patriarcado, el capitalismo, la colonialidad o el antropocentrismo.

Calle Cardenal Cisneros, 15, 39001 Santander, Cantabria

Todo este ambiente me encantó y me demostró que toda ciudad tiene su lado rebelde, por eso escribí como una loca aprovechando la isnpiración.


Mis ganas de estar sola. El lugar donde se confunde lo verde con lo azul del mar.

Cada vez me importa menos el sitio, quiero llegar y sentarme a mirar

Tener tiempo para respirar. Mi pelo enmarañado. 

Miles de caracoles escondidos. Como todo eso se forma sin que uno se dé cuenta.

Tengo rincones de Santander que son solo míos, descubrí una colonia de caracoles gigantes y todas esas flores que parecen aquí olvidadas.

Digo con total determinación que este pedazo de la vida sea totalmente tuyo, que seas capaz de tener los ojos bien abiertos para que las pupilas se llenen del amor azul. No te rindas, falta poco.

Sonido de tren como locomotora a vapor. Quisiera que el tiempo que me queda aquí lo pasara mirando a través de esta ventana.


El top 3 de Imperdibles en Santander.

No es ni el único, ni es el mejor, pero es el mío.

Faro de cabo mayor y playa de Mataleñas.

Acantilados como en Irlanda pero con el mar Cantábrico, al lado una playa con arena blanca y agua azul turquesa.

Idea recomendada: llevarte tu propia comida y hacer un picnic en la explanada verde que sirve de camino para llegar al faro. Eso sí, llévate de vuelta todos tus cachivaches y recoge la basura.

Plaza del Cañadio

En esta plaza se reúnen varios bares donde poder tomarte las famosas “Rabas” junto con una buena caña, es chevere por que te coges tu botellín y te sientas en algún lado de la plaza a mirar como la vida pasa y uno es feliz mientras tanto

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Península de la magdalena

En la península de la Magdalena hay muchas cosas que me encantaron, la playa de bikini, en la que según cuentan por ahí se vió el primer bikini en España. En aquellos tiempos en que estudiantes de fuera venían a Santander.

También hay un pequeño bosquecito antes de llegar al palacio que, como dato curioso, tiene 365 ventanas y me gusta interpretar que son algo así como 365 oportunidad de mirar diferente.

El museo del mar es un museo al aire libre donde están reproducidos barcos con historias de viajes increíbles, así que aquí esta bien sentarse y soñar con nuevos rumbos.

P.d: recuerda siempre viajero, que las ciudades nunca son lo que parecen.