#30Díasdeescritura
Día 9


Me despierto con los gritos de los vecinos que viven en una pelea infinita.
Hay sonidos de platos agitandose y pasitos pequeñitos recorriendo el salón.
Es irremediable, esta casa fue creada para contenernos a todos. Es una casa para albergar personas, por eso hay quienes tratan de huir.
La televisión por la noche, el teléfono fijo que suena tres veces al día, nadie responde.
El sonido de la  puerta todas las veces que se abre y se cierra en un día. Todas las vidas que se viven.
Hoy leí: “Vivo en esta casa para no perder la cómoda costumbre de exiliarme
Por alguna razón que todavía estoy intentando comprender este es el año de las casas en la que la soledad es imposible.
Salgo a correr y la primavera me invade, siento como las esporas se meten en mi nariz y como mis dedos se ponen rojos.
Creo que tiene que ver con las épocas del año. Inevitablemente el invierno es silencio, es vivir hacia dentro, buscar la soledad.
La primavera es calle, verbenas, la plaza de las vistillas atiborrada, la pregunta ¿Que vamos a hacer hoy? un día y otro y otro.
Los cambios hacen ruido. Como si fueran placas tectónicas chocando unas con otras para sacar algo más, mis neuronas se contraen y se expanden hasta que me duele la cabeza.
Me despierto cansada desde hace varios días, recuerdo sueños, se mezclan con pesadillas. No soy capaz de apagar la maquina de generar pensamiento.
Estar presente también significa abrazar lo que nos desespera. Aceptar lo que nos enloquece y pensar en que todo es momentaneo.
Gracias (supongo) también por el ruido.