Facebook no hace más que gritar en voz muy alta: Viajar lo cura todo.

Viajar es la panacea, es lo que necesitas si estás deprimido, si te sientes disconforme con el mundo, si no sabes qué hacer con tu vida.

Las páginas más conocidas de viaje dicen que es bueno para la salud, que combate el estrés. Te hace más inteligente, más guapx.

Bueno, en mi humilde opinión hay mucho de marketing en todo esto.

Hace poco pudimos ver cómo una conocida empresa de reserva de vuelos publicaba una encuesta en la que revelaba que el 49% de los participantes coincide en que viajar les ha hecho más felices que el día de su boda o que tener un hijo.

Yo con estos datos no se si echarme a llorar por la tristeza de sociedad que tenemos o dudar de la veracidad y método científico de la encuesta.

Escribo este post porque hay que cosas que podemos hablar con otras personas en la vida real pero que no nos atrevemos a escribir.

Cuando hay algo con lo que no estamos de acuerdo o que puede representar una opinión contraria a lo que leemos en las redes sociales aparece nuestra vieja amiga la censura para decirnos: Eso mejor no lo publiques.

Así que, como un acto de rebeldía en contra de mi propia censura interna he decidido dar una opinión que nadie me pidió sobre un tema que me interesa.

Les voy a contar mi experiencia:

Salí de Madrid en Mayo del año pasado y pase 4 meses viajando desde California hasta Alaska. Entre medias trabajé en dos granjas recogiendo fruta, conocí un montón de personas diferentes, recorrí paisajes que nunca antes había visitado y decidí que la escritura sería la forma de comunicarme con el mundo.

En ningún momento podré decir que este viaje no fue una gran experiencia, que nunca olvidaré. Todavía miro hacia atrás y no puedo creer todo lo que viví. Pero el estar continuamente cambiando de lugar puede anestesiar tus pensamientos de la misma manera que la rutina de trabajo puede hacerlo.

En otras palabras, no es el viaje el que puede hacer un gran cambio en mí, es la capacidad que yo tenga para permitir que ese cambio ocurra.

Después de este tiempo viajando tomamos la decisión de quedarnos lo que durará nuestra Working Holiday Visa en Canadá. Me puse a pensar en que esta es una oportunidad que se tiene una sola vez en la vida y venir para solo estar unos meses era de alguna manera tirar a la basura una visa que solo obtienen 800 personas en España. También vi que podíamos ganar el dinero necesario para  poder viajar tranquilos por una larga temporada.

Pues les digo algo, fue más fácil tomar la decisión de dejar mi trabajo y emprender un viaje que tomar la decisión de parar un poco.

Tengo una enorme cantidad de países por delante y la ansiedad me hacía pensar que lo que necesitaba era seguir recorriendo el mundo sin detenerme tanto tiempo. Cuando paré a vivir en una casita que parece de residencia de estudiantes, en las montañas de Canadá, fue cuando un gran cambio del que ahora estoy empezando a ser consciente me llamó a la puerta y esta vez decidí escuchar.

Quienes viajan son toda clase de personas y realizan todo tipo de viajes. Los que son muy jóvenes y viajan porque el mundo está para comérselo, la gente que tiene pocas oportunidades de viajar, los que viajan cada mes. Hay quienes viajan para conocer y aprender de otras culturas y otros que viajan porque es un bien de consumo como cualquier otro.

Y aquí es donde quiero llegar. Viajar hoy en día en muchos casos es equivalente a comprarte un vestido o unas deportivas que te hacen ser el más molón (para los que me leen y no son de España sería como el más cool)  de la clase.

Para muchos jóvenes viajar es tomar la fotografía e irse rápidamente, para mucha gente de mediana edad viajar es recluirse en mini- países llamados resorts y todo incluido para no tener que conocer la realidad del país al que viajan.

La mayoría de personas que viajan lo hacen en “Vacaciones” y más que un proceso de reflexión o aprendizaje suele ser una desconexión total de todo lo que podamos asociar con esfuerzos. Viajamos para sentarnos en una tumbona y esperar a que nos traigan un mojito.

Obviamente también están (estamos) los viajeros que han encontrado en el viaje la manera con la cual cambiar de forma de vida. Hay personas que se han dado cuenta viajando que hay tantas maneras de vivir como personas en todo el planeta y que viajar es una experiencia que puede llegar a potenciar todas nuestras capacidades a un nivel nunca antes visto.

Pero en mi humilde opinión creo que también hay personas que se han ido de viaje y siguen siendo exactamente iguales, hay personas que aunque estén de viaje siguen con la cabeza en el sitio de donde salieron y que la ecuación Viaje = Crecimiento personal solo es real cuando hacemos un gran esfuerzo por intentar conocernos mejor.

Todos hemos conocido casos de alguien que se va por un tiempo a un país donde hablan otro idioma y vuelve solo con un par de palabras en su vocabulario, o la gente que busca juntarse dondequiera que esté con otras personas de su mismo país. Una vez más, repito, no basta con dar el paso, hace falta un compromiso importante para poder empezar a ver cambios que realmente afecten tu vida.

Por último quiero dedicar unas líneas a aquellos que se dedican a menospreciar a todas las personas que no se dedican a viajar.

He leído en blogs cosas como: ¿Que estas esperando para renunciar a tu trabajo de mierda? o ¿Hasta cuando vas a permitir que tu jefe te diga lo que tienes que hacer?

Pues creo que esos llamados “trabajos de mierda” son los que hacen que el mundo funcione y que, finalmente, tuviera la oportunidad de vivir de una manera que me ha permitido poder tomarme un tiempo en mi vida para viajar.

No tengo ni idea de cómo el mercado laboral puede ajustarse más a la humanidad de las personas y menos a los números de algunos mercados, lo que sí creo es que hay muchas personas con miles de trabajos en los que ponen todo su empeño y con los que llevan una vida de superación constante, cada cual a su manera.

Sí, el problema son los trabajos alienantes y mal pagados pero la solución no creo que pase por dejarlos todos e irnos. Puede ser que haya que reinventarse, puede que encontremos alguna manera mejor de lidiar con el estrés y con las consecuencias de la rutina, pero en líneas generales creo que hay bastante gente haciendo trabajos que más o menos les gustan e intentando disfrutar de su vida lo máximo posible. Lo digo porque he trabajado con estas personas y me hacían bastante feliz aunque las oficinas no sean mi lugar preferido del mundo.

Salí de Madrid pensando que viajar automaticamente me haría una persona plena y feliz, no pasó mucho tiempo antes de que la realidad me estampara contra la pared por tarada e ilusa.

Si hubiera hecho caso de los clichés viajeros hubiera buscado relacionarme con el mayor número de personas posibles aquí en Banff. Trabajo en un hotel en el que la media de edad de los trabajadores es 20 años y en el que conviven personas de (literalmente) todas partes del mundo.

Pues resulta que por primera vez en mi vida decidí escucharme a mí misma y me di cuenta de que lo que necesitaba era precisamente lo contrario, poder dedicar la mayoría de mi tiempo a mí y a una nueva actividad que no había practicado nunca: Conocerme.

Lo que quiero decir con esto es que lo que necesites en un viaje será completamente particular y único porque tú eres particular y único. Los japoneses necesitan recorrer el mundo en 10 días porque sienten una terrible culpa al irse de vacaciones y supongo que aprovecharlas al máximo les hace sentir mejor. El viajero solitario es feliz meditando en la montaña y estando lo más cerca de la naturaleza posible.

Cada quien necesita una cosa completamente diferente.

Lo único que creo que es igual para todos es el respeto completo que debe haber ante el sitio al que llegas, independientemente si has decidido recorrerlo rápido o lento.

 Quiero viajar fuera de convencionalismos y sin tener que ser portadora de una religión que me haga creer que todo el mundo tiene que pensar igual que yo.